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Los Reyes se Despiertan
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Quiero más de Dios, ¿pero soy responsable en lo ya recibido?

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Tener una sed, un hambre por lo nuevo de Dios cada día es muy bueno, pero: ¿Cuánto de lo que Dios habla, de su Palabra, la retenemos y recordamos, y meditamos en ella cada día?

Porque si no retenemos el buen depósito, ¿qué podremos darle a los demás?

Y vámonos a lo más práctico, en las prédicas, en las reuniones de cada semana en la Iglesia: ¿Estamos tomando apuntes siquiera? 

Sí. Hay algunos que tienen memoria fotográfica por decirlo de una manera, de cada cosa que ven, leen y/o escuchan. Pero no todos tenemos esta capacidad. Seamos sinceros; de las reuniones de hace medio año, 6 meses atrás, ¿recuerdas los 3 principales puntos de cada una?

El libro de Hebreos les habla a los que ya por razón del tiempo debían ser maduros, Hebreos 5:12:

“Porque debiendo ser ya maestros, en razón del tiempo, tenéis necesidad de que alguien os enseñe otra vez los primeros rudimentos de los oráculos de Dios, y habéis venido a ser como los que necesitan leche, y no alimento sólido.”

Y si bien como está escrito, la Fe viene por el oír la Palabra, Romanos 10:17:

“Así que la fe viene por lo que se oye, y lo que se oye a través de la Palabra de Cristo.”

Uno de los principios más importante que se hablan en Hebreos para no caer en el no avanzar, no madurar, es cuidar lo que recibimos por el oír, Hebreos 2:1: 

“Por lo cual debemos dar más solícita atención a las cosas que fueron oídas, no sea que las dejemos escurrir.”

Lo oído no dejarlo escurrir, es responsabilidad de cada uno. Y con la tecnología tenemos más facilidades, podemos hasta tomar apuntes, escribir de forma práctica con el celular y otros dispositivos, generando una buena biblioteca digital de lo que vamos recibiendo. 

Pero también, no abusemos de la tecnología. Puede que en tu congregación graben cada prédica y/o se suban los apuntes. Y amén por eso, no digo que no se haga. Pero no se trata solo de tener un registro. Tome cada uno responsabilidad de lo que recibe. Y es que, hay un poder en uno escribir la revelación, Habacuc 2:2:

“Y YHVH me respondió y dijo: Escribe la visión y escúlpela en tablillas, para que cualquiera la pueda leer con rapidez.”

Vemos en este versículo, que el escribir la revelación que le iba a mostrar Dios, viene en respuesta a una petición del profeta Habacuc, de su clamor que vemos en los versículos anteriores.

Así también escribimos para guardar la revelación de los cielos, no solo para uno, sino también para dar de beber luego de ella a todo el Cuerpo; Vemos el caso del Apóstol Juan en el libro de Apocalipsis, que al ser llevado a los cielos en el espíritu, debe anotar, tomar apuntes por decirlo de una manera, de lo que el Señor le estaba mostrando. Como también anota de lo que estaba viviendo en medio de esta gran revelación, como cuando Juan interactúa y conversa con el ángel tras por error postrarse ante él, dejándonos escrito estos detalles para nuestra edificación de Cristo como centro de adoración, y el detalle del ángel de quienes son Hermanos. Veamos Apocalipsis 19:10:

“Y yo caí ante sus pies para adorarlo, pero me dijo: ¡Mira, no!, que soy consiervo tuyo y de tus hermanos, de los que retienen el testimonio de Jesús. ¡Adora a Dios! porque el testimonio de Jesús es el espíritu de la profecía.”

Juan podría solo haber escrito la revelación del libro, del rollo celestial, y haberse “guardado” esta interacción con este ángel. Pero guiado por el Espíritu, y por amor a la Iglesia, se da el trabajo de anotar con este nivel de detalle. Y solo en este versículo, vemos 3 principios tremendos del Reino de Dios:

  • Consiervo viene del griego “sundoulos”, que es “co-esclavo”, que es servidor o maestro de un mismo amo; Ángeles e Iglesia a un mismo nivel de servidores al Señor.
  • No son hermanos los que por acción se han bautizado, o incluso no faltan a ninguna reunión: Son Hermanos los que retienen el testimonio de Jesucristo, los que permanecen, los que son oidores como hacedores de su Palabra, los que son fieles a Él.
  • Todo lo profético da testimonio de Jesús. No basta solo con ver en el espíritu, si hasta los brujos pueden ver en el espíritu. Cristo como centro de todo acto profético, no el hombre o cualquier otro elemento como el centro. Por eso toda profecía escrita que vemos en la Biblia, podemos ver a Cristo en ella.

Puede que al comienzo sea difícil de escribir, pero hay una gran bendición: En el ejercicio de tomar apuntes de una prédica, entrenamos tanto nuestro espíritu, que va recibiendo del Hermano que imparte como lo que en lo personal nos muestre el Espíritu Santo, como nuestra mente, que va estructurando la revelación en nuestro lenguaje para poder anotarla: Es una tremenda forma de entrenar nuestra alma que tiene la mente, con nuestro espíritu, en recibir cada vez con más claridad una revelación del Padre. ¡Es un muy buen diseño de entrenamiento para ejercitarse en esto!

Es como esas competencias de correr a tres piernas, carreras de tres pies, en que dos personas se atan entre sí una de sus piernas, y deben correr al mismo ritmo; al comienzo van desincronizados. Pero si entrenan, correrán con total sincronía, velocidad, intensidad, y sin caerse. Así podemos entrenar el alma que tiene la mente, con nuestro espíritu, recibiendo de Dios, del Espíritu Santo.

Y este principio de guardar lo recibido como nuestra responsabilidad, lo vemos también desde el primer pacto, con Oseas 4:6:

“Perecerá tu patria, Porque mi pueblo perece por falta de conocimiento. Por cuanto desechaste el conocimiento, Yo te desecharé de mi sacerdocio. Por cuanto olvidaste la Ley de tu Dios, También Yo me olvidaré de tus hijos.”

Lo que Dios ha hablado, es responsabilidad de uno guardarlo.

Lo que recibimos cada semana del Cuerpo, en la Iglesia, ¿lo estamos anotando?

Puede que hoy tengas una lucha en algún área personal, familiar, a nivel de la congregación, y/o hasta por un territorio: ¿Qué tal si la respuesta a la guerra que estás librando contra las tinieblas, es algo que el Señor ya te habló, a tí y a toda la congregación, hace unos meses atrás, pero quizás no lo anotaste? La mente es frágil al recordar detalles.

Veamos el caso de Jonás. Dios no le vuelve a hablar, pese a todo lo malo que estaba viviendo, hasta que se arrepiente tras vivir la tormenta, ser arrojado al mar, y luego ser tragado y estar en el gran pez; estudia este proceso, pese a la angustia que vivió como ser arrojado al mar en medio de la tormenta, Dios vuelve hablarle cuando se arrepiente y se vuelve al camino al que había sido llamado, vuelve al propósito de dónde debía ir y qué obra hacer.

Así mismo, menos Dios querrá hablarte en lo específico en medio de una prédica de un tema que sabes que necesitas, si no estás tomando apuntes; es decir, si ni de la prédica general estás escribiendo, cómo Dios te va a hablar en lo particular. Si ni en lo general administras bien, Dios no te va a dar más; parábola de los talentos, en quien en lo poco es fiel, el Padre en mucho lo pondrá.

Y Dios no te da en lo específico muchas veces en medio de una prédica, no es porque no quiera, sino para que no te destruyas: El Señor hace rendición de cuentas de lo que da. Entonces si no lo escribimos y se nos olvida, y aquello es además algo específico de Dios para mi vida que me hable, ¡ay de mí!; parábola de los talentos, el siervo que no multiplica, el Señor le dice siervo malo y es echado a las tinieblas (Mateo 25:30).

Pablo toma este principio que le dice a Timoteo cuando es enviado en apostolado (apóstol que significa en griego enviado como un embajador), en 2 Timoteo 1:13-14:

“Retén el modelo de las sanas palabras que oíste de mí, con la fe y el amor que hay en Jesús el Mesías. Guarda el buen depósito por medio del Espíritu Santo que vive en nosotros.”

Y es que retener va de la mano con permanecer, y ser salvos nosotros como quienes reciben de nosotros las buenas nuevas de Cristo, 1 Timoteo 4:16:

“Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina, persiste en estas cosas; porque si haces esto, te salvarás a ti mismo y a los que te escuchan.”

Pablo en estos dos versículos nos habla de lo que es responsabilidad nuestra.

Amén, hay cosas que solo el Espíritu Santo puede hacer en nosotros, y no es por nuestras fuerzas ni intelecto. Pero cae en nosotros una responsabilidad en guardar lo que recibimos. O si no Pablo le hubiera dicho a Timoteo algo como, “el Espíritu Santo guardará todo lo que has recibido.” 

Es interesante y muy importante esto. Las estructuras de cada persona, en su espíritu, alma y cuerpo, cada uno es responsable de su mayordomía. Dios no viene a hacer el trabajo por uno. Por dar un ejemplo gráfico, es como pedirle a Dios una buena salud, pero el Espíritu Santo no hará la rutina de ejercicios físicos por nosotros, ni eliminará el exceso de calorías que estamos consumiendo todos los días para que no se depositen en grasas en nuestro cuerpo.

Así nuestra alma y espíritu no pierdan el diario vivir en la revelación de la Palabra de Cristo, bajando cada día revelación a nuestro espíritu por el Espíritu Santo, y con nuestra alma sintiéndola, masticandola, meditando en ella. Y aún nuestro cuerpo físico vive la revelación con cambios, como un menor estrés a medida que profundizamos en Dios y lo abrazamos cada vez más.

Este principio lo vemos muy bien en la parábola de los talentos, la rendición de cuentas. Pero este nos habla de algo más importante también: No basta solo son escribir cada domingo en la congregación lo recibido, sino también qué hago con ello. Porque el siervo malo que fue echado, no fue porque perdió el talento, sino porque no lo multiplicó; aquí también un principio importante que vemos, Dios nunca da algo a alguien que no lo pueda multiplicar, ya que Dios mismo es el mejor administrador de todos.

Y no nos compliquemos, cosas sencillas el multiplicar lo recibido. Partiendo con hacer viva en mí la Palabra recibida. Comenzar impactando en mi propia familia, y cómo vivimos la revelación con Dios. Y de lo recibido compartirlo con alguien más. Y madurando siendo fiel en lo poco, el Señor el día de mañana te llevará a mayores lugares, como predicar en medio de una congregación un tema.

Entonces no dejes que las mentiras del diablo te hagan ver que no puedes si recibes algo del Señor.

También importante principio, de lo recibido que escribamos, darlo a las siguientes generaciones, como vemos en Deuteronomio 6:6-7:

“Estas palabras que te ordeno hoy, han de permanecer sobre tu corazón, y las inculcarás a tus hijos, y hablarás de ellas sentado en tu casa, andando por el camino, al acostarte y al levantarte.”

Viviendo los principios del Reino de Dios, nuestros hijos no se perderán. Por esto también Oseas 4:6, para que Dios no se olvide de nuestras generaciones, recordar a nuestra descendencia quien es Él con todo lo que ha hecho en nuestras vidas como testimonio.

Sé que algunas cosas pueden sonar muy fuertes, pero vivamos la disciplina del Señor que al comienzo puede parecer no agradable, Hebreos 12:11

“Es verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero más tarde da fruto apacible de justicia a los que por ella han sido ejercitados.”

Y si profundizas aún más en el libro de Hebreos, vemos la disciplina como una necesaria para llegar al alimento sólido, para madurar, ir a las cosas nuevas en Dios para nuestras vidas, y no quedarse siempre en los rudimentos, en la leche.

Apreciemos siempre lo que el Señor nos habla, no importa la edad, tome apuntes. Vivamos siempre ese primer amor, como vemos en la carta a las 7 Iglesias que Éfeso había caído, Apocalipsis 2:4-5, y la tremenda promesa, al que venza en esto, le da comer del árbol de la vida, de Cristo.

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